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Un terso drama – Clarin

Padre e hija Awada y Almeida, en dos interpretaciones notables.

Padre e hija Awada y Almeida, en dos interpretaciones notables.

‚ÄúD√ćAS DE PESCA‚ÄĚ, DE CARLOS SOR√ćN

Un terso drama

Alejandro Awada interpreta a un alcóholico en recuperación, que viaja al sur para pescar tiburones y reencontrarse con su hija.

15.11.2012 | Por Miguel Frías

mfrias@clarin.com

Como se viene publicando y publicando: en¬†D√≠as de pesca, Carlos Sor√≠n vuelve a la Patagonia, a las¬†road movies¬†agridulces y emotivas, a las pel√≠culas con actores profesionales mezclados con lugare√Īos -tiernos, nobles, ingenuos: antih√©roes queribles- que hacen de s√≠ mismos. Y sin embargo, si la comparamos con¬†Historias m√≠nimas¬†, √≠cono del cine¬†alla¬†Sor√≠n,D√≠as…¬†es, en muchos aspectos, muy distinta.

Esta historia protagonizada por Alejandro Awada -en el papel de Marco, porte√Īo de clase media pudiente, alcoh√≥lico en recuperaci√≥n que viaja a Puerto Deseado para pescar tiburones y reencontrarse con su hija- rehusa, casi, de la narraci√≥n verbal. No decimos que carezca de di√°logos. Ni, mucho menos, que en¬†Historias…¬†Sor√≠n subestimara los silencios. Al contrario: los usaba con intensidad. Pero en¬†D√≠as…¬†los convierte en esencia, en vac√≠o el√≠ptico, en supresi√≥n gramatical para que el espectador reconstruya.

Reconstruir: es lo que también intenta Marco. Reconstruir, en lo posible, su vida. Pero sobre todo la relación con su hija (Victoria Almeida). Durante la secuencia del reencuentro entre ambos, en apariencia natural, sentimos o intuimos el abandono de él, su temporada en el infierno, la amargura y el rencor de ella. La charla es trivial, la que podría tener casi cualquier padre con su hija -que además acaba de ser madre-, aunque se va agrietando a partir de ínfimas incomodidades, de gestos, de posturas corporales. El trabajo de Awada y Almeida es minimalista: magnífico.

Otro cambio notorio en Sor√≠n es que dej√≥ de lado el humor ir√≥nico, en especial el de su mirada -tan aguda como paternalista, tan porte√Īa como emp√°tica- sobre los personajes lugare√Īos. De hecho, el foco de¬†D√≠as…¬†no est√° puesto en ellos. Ac√° la Patagonia no es un territorio a explorar sino un lugar ajeno y al mismo tiempo bals√°mico. El protagonista est√° tan extraviado como Bill Murray en¬†Perdidos en Tokio¬†. Pero intenta integrarse a ese universo distinto que lo alivia: la mayor parte del tiempo con la dolorida sonrisa del paciente que recibe visitas. El desamparado es √©l, no el mundo que lo rodea, cuyas reglas son naturales, no solidarias exageradamente.

La fotograf√≠a, de Juli√°n Apezteguia, tiene, s√≠, la belleza melanc√≥lica (y profesional) de otros filmes de Sor√≠n. La m√ļsica, de Nicol√°s Sor√≠n, tambi√©n es bella y melanc√≥lica. Sor√≠n padre la utiliza, por momentos, de un modo demasiado ostensible, lo que genera un cierto efecto edulcorado, levemente contradictorio con el tono general austero¬†.

Sor√≠n dijo que filma cuentos, no novelas. Que por eso sus filmes no suelen superar la hora y media. En esta analog√≠a literaria,¬†D√≠as…¬†se alinea con el estilo Chejov: un breve y terso drama humano.